Uno de los deseos de todo
cristiano normal es ver cosas sobrenaturales, ya que la naturaleza misma de
Dios ha venido a ser parte de nuestra vida y el Espíritu Santo mora en
nosotros. El gran problema surge cuando las cosas que esperamos no suceden
conforme a nuestras expectativas y la persona tarda en sanar o de plano parte a
la presencia de Dios. El resultado muchas veces es: uno corazón decepcionado.
Un ejemplo en la Biblia sucede con unos muy buenos amigos de Jesús que
estuvieron en una crisis y por alguna razón, superior a su pensamiento, las
cosas no funcionaron como esperaban.
Juan 11.1–6 (NVI)
1 Había un hombre enfermo
llamado Lázaro, que era de Betania, el pueblo de María y Marta, sus hermanas. 2
María era la misma que ungió con perfume al Señor, y le secó los pies con sus
cabellos. 3 Las dos hermanas mandaron a decirle a Jesús: «Señor, tu amigo
querido está enfermo.» 4 Cuando Jesús oyó esto, dijo: «Esta enfermedad no
terminará en muerte, sino que es para la gloria de Dios, para que por ella el
Hijo de Dios sea glorificado.» 5 Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. 6 A pesar de eso, cuando
oyó que Lázaro estaba enfermo, se quedó dos días más donde se encontraba.
Juan 11.17 (NVI)
17 A su llegada, Jesús se encontró con que Lázaro llevaba ya
cuatro días en el sepulcro.
Las expectativas que Marta y
María tenían de Jesús fallaron, no fueron cumplidas como ellos esperaban y el
resultado fue que sufrieron una decepción en su corazón. ¡Cómo Jesús les había
fallado!, lo mandaron llamar y llegó campantemente 4 días después que su
hermano, y por cierto amigo de Jesús, había muerto.
Juan 11.20–21 (NVI)
20 Cuando Marta supo que Jesús
llegaba, fue a su encuentro; pero
María se quedó en la casa. 21 —Señor—le dijo Marta a Jesús—, si hubieras estado aquí, mi
hermano no habría muerto. → el resultado fue la Decepción
Jesús mandó llamar a María por
medio de Marta, su hermana y vemos en ella el mismo reproche hacia Jesús o sea
hacia Dios mismo.
Juan 11.32 (NVI)
32 Cuando María llegó adonde
estaba Jesús y lo vio, se arrojó a sus pies y le dijo: —Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no
habría muerto. → Igualmente el resultado fua la Decepción
Claro, todos conocemos la
historia y sabemos que Jesús resucitó a Lázaro, pero ¿qué hubiera pasado si
Jesús no lo hubiera resucitado?, pienso lo mismo que tú, ellas hubieran quedado
resentidas, la decepción en su corazón hubiera permanecido.
La vida sobrenatural es el intrigante misterio en la vida del
cristiano.
A las personas en general se les dieron las habilidades y capacidades
para manipular el mundo material, y lo hacen. El resultado de esto es que hoy
disfrutamos de toda esta inteligencia global que nos ha dado tecnología,
ciencia, arte, deporte y muchas cosas más a un nivel extraordinario. Sin
embargo el proceso de aprendizaje y dominio ha sido largo lleno de fracasos dolor
y muerte.
El tema es que a los creyentes se nos ha dado la facultad y
la responsabilidad de intervenir en el mundo Sobrenatural, el mundo invisible,
y provocar cambios extraordinarios, para la gloria de Dios. Desarrollar maestría en este aspecto es más costoso
de lo que imaginamos y el precio que se paga es proporcional a la dimensión del
llamamiento de Dios en esta área. Digamos que mientras más fuerte es el
llamamiento hacia lo sobrenatural para un ministerio, la curva de aprendizaje
es más pronunciada.
Cuando las cosas no suceden como nosotros esperamos que
sucedan y estas llegan a convertirse en padecimientos crónicos o hasta la misma
muerte, la consecuencia es un corazón
decepcionado.
1.
Todos los que hemos caminado en la vida de fe hemos enfrentado la
decepción en el corazón en algún momento.
En nuestra congregación hemos visto partir con el Señor esposos, padres,
madres, hijos, aun los hemos visto partir antes de salir al mundo y todos ellos
eran personas queridas y más de una vez creímos que Dios iba a intervenir. Al
no salir las cosas como esperábamos
Lo que no debemos olvidar es que Jesús nos enseñó que las cosas sucederían
así en esta Tierra.
Juan 16.33 (NVI)
33 Yo les he dicho estas cosas
para que en mí hallen paz. En
este mundo afrontarán aflicciones, pero ¡anímense! Yo he vencido al
mundo.
Si todo nos resultara a la perfección la primera vez que lo intentamos, no
habría mucha necesidad de tener promesas como:
Romanos 8.28 (NVI)
28 Ahora bien, sabemos que Dios
dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido
llamados de acuerdo con su propósito.
Tenemos versículos como este, debido a que todos estamos en
un proceso. Estamos aprendiendo,
estamos desarrollando la habilidad para movernos en el mundo de Dios y no creo
que hubiera algún guerrero exitoso que no tuviera varias heridas durante su
preparación.
“Dios mantiene todas
sus promesas. Pero Él no está obligado a cumplir con nuestro potencial sino
nosotros”.
Nuestra lucha parte de nuestra determinación a ver cumplidas
las promesas y los principios de la Palabra de Dios en este mundo caído,
trayendo como consecuencia el Reino de los Cielos a la Tierra. Que por cierto es
la Causa de Cristo.
Pero toda conquista implica la presencia de gigantes y estos
deben ser ejecutados para que podamos entrar en la tierra que Jesús nos
prometió. El gigante más grande en la conquista de la vida sobrenatural es la decepción.
Todo aquel que persigue el ministerio de los milagros, se enfrentará con la decepción una y otra
vez. Es por ello que muchos han optado por un evangelio menor que no
implique lo sobrenatural y todos hacemos como que no pasa nada, antes que
sufrir decepciones.
Proverbios 13.12 (NVI)
12 La esperanza frustrada aflige
al corazón;
el deseo cumplido es un árbol de
vida.
Uno de los momentos espirituales más vulnerables en la vida
de un cristiano es cuando viene una pérdida o una decepción.
Es como si nuestro sistema inmunológico espiritual sufriera
un colapso, permitiéndole a la enfermedad del corazón que nos haga tambalear. Ya
sea que nos preguntemos qué estuvo mal o si hicimos lo necesario, este
cuestionamiento a menudo nos lleva a dudar de las promesas de Dios y de su
bondad.
Cuestionar la bondad
de Dios es una de las consecuencias de la decepción más peligrosas.
Debemos darnos cuenta de que este tipo de situación debe ser
redimida por el toque de Dios o terminaremos con el corazón dañado que Él nos
advirtió que tendríamos. Un corazón dañado ya no cree en la bondad de Dios.
Proverbios 4.23 (NVI)
23 Por sobre todas las cosas
cuida tu corazón,
porque de él mana la vida.
La bondad de Dios es la piedra angular de nuestro conocimiento de Dios. Cuando comenzamos a derribar nuestro concepto de quién es Dios, somos más vulnerables a las mentiras del diablo porque él uso esta estrategia desde el principio.
2.
El asunto con la decepción es en manos de quién esta.
La decepción en manos del diablo es un arma estratégica de
destrucción. Pretende acabar con nuestra fe.
Y sus consecuencias pueden ser:
- Cesacionismo o sea el
pensamiento que Dios ya no hace milagros en nuestros días. Esto se ha
vuelto una doctrina para muchas denominaciones.
- Ateísmo que muchas veces
es determinar que Dios no tiene nada que ver con los asuntos de los hombres
o que en realidad es un invento.
- Escepticismo, claro que
creo que Dios es poderosos para hacer milagros, y los hace. Simplemente no
los hace alrededor de mí.
La decepción en manos de Dios traerá como consecuencia la
restauración de nuestra fe y nos coloca en la zona de actividad sobrenatural de
Dios.
¿En manos de quién quieres dejar tu decepción?
3. Deja que el Señor te restaure de la decepción del corazón.
Algunas sugerencias para la restauración de tu corazón:
- Abre tu corazón delante de
Dios y sé sincero con Él. Esto puede tomar algún tiempo en Su Presencia
para que venga a tu vida convicción de liberta, pero es lo más importante.
Mateo
11.28–30 (NVI)
28 »Vengan a mí todos ustedes que
están cansados y agobiados, y yo les daré descanso. 29 Carguen con mi yugo y
aprendan de mí, pues yo soy apacible y humilde de corazón, y encontrarán
descanso para su alma. 30 Porque mi yugo es suave y mi carga es liviana.»
- Acude al recurso de Su Palabra. El mejor recurso que puedes encontrar para orar y abrir tu corazón delante de Él, está en el Libro de los Salmos. Recórrelo con esa intención, encuentra las declaraciones que les pone palabras a lo que estás sintiendo y sigue el proceso de restauración del Espíritu Santo. Recuerda que Él ha prometido respondernos cuando clamamos a Él.
Mateo
7.7–8 (NVI)
7 »Pidan, y se les dará; busquen, y
encontrarán; llamen, y se les abrirá. 8 Porque todo el que pide, recibe; el
que busca, encuentra; y al que llama, se le abre.
Jeremías
33.3 (NVI)
3 “Clama a mí y te responderé, y te daré
a conocer cosas grandes y ocultas que tú no sabes.”
- Persevera hasta que la paz
de Dios te invada literalmente y te sientas cómodo desarrollándote en la
vida sobrenatural.
Filipenses
4.6–7 (NVI)
6 No se inquieten por nada; más
bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y
denle gracias. 7 Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará
sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.
- Cuida tus pensamientos de
traer a la memoria los fracasos, mejor acumula los pensamientos sobre lo
que sí ha hecho Dios, en ti, en los tuyos y a tu alrededor.
1º
Samuel 17.37 (NVI)
37 El SEÑOR, que me libró de las
garras del león y del oso, también me librará del poder de ese filisteo. —Anda,
pues—dijo Saúl—, y que el SEÑOR te acompañe.
- Se agradecido con todo lo
que has recibido
1 Tesalonicenses 5.18 (NVI)
18
den gracias a Dios en toda situación, porque esta es su voluntad para ustedes
en Cristo Jesús.
Hebreos 13.15 (NVI)
15
Así que ofrezcamos continuamente a Dios, por medio de Jesucristo, un sacrificio
de alabanza, es decir, el fruto de los labios que confiesan su nombre.
- Espera las cosas que
todavía no has visto.
1 Corintios 2.9 (NVI)
9 Sin
embargo, como está escrito: «Ningún ojo ha visto, ningún oído ha escuchado,
ninguna mente humana ha concebido lo que Dios ha preparado para quienes lo
aman.»

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